Paro

En el día de hoy he pasado a engordar el paro y, por tanto, contribuyo decididamente a afearle aún más esas horribles estadísticas a Mariano Rajoy. Me he quedado con las ganas de saber qué número de parado hago.

En la cola del paro no he visto gente «con el rostro esculpido a escoplo», como asegura que se encontró mi amigo y colega JAS en la oficina del barrio de Vallecas a la que él le correspondió ir.

Pero si he visto gente más o menos de mi quinta muy enojada por haber perdido sus empleos después de que Rajoy y su rapavelas Fátima Báñez, ministra de Trabajo a la sazón, nos birlaran nuestras prestaciones.

Mientras aguardaba turno, en una sala de espera que siempre estaba llena, leía el «Caim» de Saramago.

Lo cogí expresamente pensando en todos los caines que en sus hojas de vida se vanaglorian de los trabajadores que han puesto en la calle y de los abeles que les dejan hacer mientras miran para otro lado.

Leí el capítulo en el que Caín llega la tierra de Uz y pregunta a dos hombres dónde puede encontrar trabajo. «Los hombres lo miraron de arriba a bajo, no le encontraron pinta de mendigo o de vagabundo, y se detuvieron un instante para mirar su marca en la frente, y el segundo le respondió, El hombre más rico de aquí y todo oriente se llama job».

Pensé, ¿habrá que tener los dones que la Biblia atribuye a Job, su alegada integridad y fortaleza ante las adversidades, su humildad, su resignación y su capacidad para soportar todas las desgracias que le caigan encima para que los españoles volvamos a levantar cabeza o, por el contrario, habrá que ir pensando en incendiar la pradera?

Majadahonda, 11/10/12
 

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